
Cada vez que recuerdo ese día siento que el destino me jugo una mala pasada.
Fui feliz, no lo niego, pero ese poco de felicidad no equivalía al dolor que sentí cuando partiste.
Fue hermoso todo lo vivido, cada instante, cada momento, peor no se justifica haber pasado todo lo que pase solo por un instante de felicidad.
Juro que no me arrepiento de lo vivido, porque fue lo que yo quise hacer, lo que sentía.
Mil personas intentaron advertirme, pero yo no hice caso, solo quería vivir esa aventura.
Yo elegí equivocarme, peor me siento feliz porque fui yo misma, me jugué por lo que quería.
A veces pensar lateralmente no sirve de nada, no sabes con que te va a salir la vida.
La vida es un juego de azar, la cual tiene distintas opciones y uno tiene que elegir, donde hay posibilidad de error.
Siempre buscamos trasgredir las reglas, buscando el peligro, la adrenalina.
Uno no toma dimensión del peligro de lo indebido.
Nos gusta sentir el temor del peligro, de lo riesgoso. No damos cuenta de las barreras, esto tendría que ser más estricto pero: LO PRIHIVIDO SE VUELVE TENTADOR .
